Sin duda que el embrujo que nos produce el ajedrez es tan sublime, que nos hace sentirnos grandes creadores durante unos minutos, y a eso se refiere Marcel Duchamp cuando dice: "No todos los artistas son ajedrecistas, pero todos los ajedrecistas son artistas".

Sin duda, también, que el ajedrez no lo es todo. ¿Qué decir de la música, por ejemplo? Por eso os he dejado una pequeña muestra de mi música favorita, para que la disfrutéis, si os apetece, mientras os sumergís en el fascinante mundo del ajedrez.

Ya en su dia el gran Tarrasch dijo: "Como el amor, como la música, el ajedrez tiene la virtud de hacer felices a los hombres".

Y olvidémonos de aquella otra frase de Oscar Wilde que decía: "Si quieres destruir a un hombre, enséñale a jugar al ajedrez"...¡asusta!

Así que sin más dilación comenzemos este singular viaje a una tierra llena de peligros, en la que nos encontraremos a reyes enfrentados en un combate eterno, reinas poderosísimas y despiadadas, fortalezas sólidas e inexpugnables, obispos con gesto serio y mirada oblícua, ágiles corceles dispuestos a asestar coces mortales y valientes guerreros que nunca retroceden ante nada.

Estáis todos invitados, así que los que quieran pueden subir a bordo. Sin condiciones. Durante la travesía seremos testigos de inagotables maravillas y al llegar a puerto nos espera...la felicidad, sin duda.

BIENVENIDO. GRACIAS POR VISITAR MI BLOG.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Cuatro años sin Bobby Fischer (y IV)


   Un hombre a punto de alcanzar su sueño. Ese era Bobby Fischer el día once de Julio de 1972, cuando empezó lo que se llamaría el match del siglo, en donde se decidiría quien sería el futuro campeón del mundo de ajedrez. Frente a él, el actual campeón, el soviético Boris Spassky. Atrás quedaban varios momentos en los que la celebración del encuentro estuvo colgando de un hilo. Una vez solventado el problema de la sede, que finalmente se acordó que se disputara en Reikiavik, la capital de Islandia, el 1 de Julio, a las 20 horas se celebró una fiesta inaugural del campeonato, en el Teatro Nacional de la capital islandesa. Allí estaba Max Euwe, el presidente de la FIDE y Boris Spassky, pero el asiento de Fischer estaba vacío, ya que no se había desplazado hasta la isla, y el comienzo de la primera partida tuvo que ser aplazado. Fischer no estaba de acuerdo con las condiciones económicas, aunque el fondo para premios era mayor que nunca, ciento veinticinco mil dólares, pero Bobby exigía el 30% de los ingresos del encuentro en concepto de venta de entradas y derechos de retransmisión. Las condiciones para los jugadores eran muy buenas. Cada uno de ellos disponía de un confortable bungalow, con un servicio de hotel de primera clase, además de una cantidad para sus gastos diarios. El local de juego era la sala "Laugardal", donde el aforo de 3.500 espectadores se había reducido a 2.500, y las butacas del público estaban a conveniente distancia del escenario. El 2 de Julio, a las 17 horas, fecha prevista del inicio del match, la partida se suspendió ante la ausencia de Fischer, al que se le dió un ultimátum para que hiciera acto de presencia en Reikiavik el día 4 de Julio, según se acordó tras largas discusiones entre los organizadores, el presidente de la FIDE y el árbitro del encuentro, el alemán Lothar Schmid, que ya arbitró el último match entre Fischer y Petrosian en Buenos Aires, y en caso contrario sería descalificado. El día 3 de Julio ocurrió algo inesperado. Max Euwe comunicó que había recibido una llamada telefónica desde Londres, en la que el banquero y presidente de la asociación de los amantes del ajedrez, Jim Slater, le dijo que quería salvar el match y que ofrecía a Fischer y Spassky una suma igual al 30% de los ingresos, que era la reclamación del americano. La cantidad ofrecida ascendia a unos ciento veinticinco mil dólares, lo mismo que el fondo de premios, por lo que en total, éste, quedaba fijado en doscientos cincuenta mil dólares. ¡Una cifra increible!
Jim Slater
-La FIDE está al margen de esta oferta - matizó su presidente, el holandés Max Euwe - porque así se aumenta el fondo de premios, pero saludo este gesto. La oferta ha sido enviada a Fischer y espero que diga que la acepta y que llegue antes del martes por la tarde.
Mientras tanto Fischer declaraba: "Me encuentro bien, pero mantengo mi exigencia. No me iré de Nueva York hasta que no reciba un certificado escrito de que voy a recibir el 30% de los ingresos. Además, pido el derecho a tres aplazamientos de partidas durante el match, lo que significaría que este primero no cuenta". Chester Fox, que había comprado los derechos de hacer una película y de hacer fotografías en la sala comentó que si Fischer no llegaba, perdería mucho dinero. Se habían firmado muchos contratos de negocios en torno a este duelo. Los islandeses también vendieron los derechos para la televisión, porque la televisión islandesa no funcionaba todo el mes por vacaciones colectivas. Fischer sabía muy bien que todo eso se había convertido en un gran negocio gracias a él más que a nadie y por eso pedía cada vez más. Al final el 4 de Julio, a las 6.46 hora local, el aeropuerto de Reikiavik estaba ocupado por más de cien personas, la mitad de ellos periodistas, que esperaban ansiosos la llegada de Fischer. Cuando el vuelo 202 de la compañía aérea islandesa aterrizó, se produjo un gran alboroto, y por fin lo que todo el mundo estaba esperando con el alma en un puño, ocurrió. Bobby Fischer salió del avión acompañado por Lombardy, que iba a ser su ayudante, y su abogado Marshall que le representaba.

Bobby Fischer bajando del avión
    El 5 de Julio se celebró una rueda de prensa en la que Geller, segundo de Spassky, culpó al presidente de la FIDE de haber violado todos los acuerdos y exigía fuertes medidas contra Fischer. Euwe reconoció sin rodeos no haberse atenido estrictamente a las reglas, por motivos que ya no necesitaba discutir, y que condenaba la conducta de Fischer. En la mañana del 6 de Julio, Spassky recibió una carta de disculpa del norteamericano, en la que decía: "Querido Boris, acepte usted, por favor, mi sincera disculpa por mi irrespetuosa conducta al no comparecer en la ceremonia de apertura. Simplemente, me deje arrastrar por mi pequeña disputa con los organizadores islandeses sobre el dinero. He ofendido a usted y a su país, la Unión Soviética, donde el ajedrez ocupa un puesto tan preponderante. También me disculpo gustosamente ante el doctor Max Euwe, presidente de la FIDE, los organizadores del match en Islandia, los millones de apasionados amigos del ajedrez que hay en todo el mundo y especialmente los miles de partidarios y numerosos amigos que tengo en los Estados Unidos. Sé que usted es un deportista y un caballero, y en especial me alegro de poder jugar con usted partidas siempre interesantes. Suyo afectísimo, Bobby Fischer".


   Se convino celebrar el sorteo de piezas a las ocho de la tarde. Con tres cuartos de hora de retraso, al fin compareció Fischer, que de manos de Spassky sacó las negras. Se hizo público que la primera partida empezaría el 11 de Julio, a las 17 horas, y ese día y a esa hora se alzó el telón del ansiado match por el campeonato del mundo. La primera partida la ganó Spassky, después de que en la jugada 29, en una posición de tablas, Fischer sacrificó innecesariamente un alfil por dos peones.

El "error" de Fischer
   Preguntado por Najdorf sobre esa jugada, Fischer explicó: "Todos dijeron que era un error haber sacrificado el alfil, creían que no me había dado cuenta de que lo perdía. Pero yo lo había visto todo. Sin ese sacrificio hubieran sido tablas. También con el alfil podía haber acabado en tablas, pero he intentado sorprender a Spassky. Así había más posibilidades de que se equivocase. Después dejé escapar tres veces las tablas y cometí un error en la jugada 41, sólo una jugada antes del control del tiempo. De haber querido tablas no hubiera sacrificado el alfil. Ése era el mejor movimiento...". El 13 de Julio volvió a surgir otra crisis. Fischer se hizo esperar inútilmente, y transcurrido el tiempo de espera de una hora, y conforme a las reglas, se le declaró perdida la segunda partida por incomparecencia. El marcador se situaba 2-0 a favor de Spassky.


   Fischer no se presentó a esta segunda partida como protesta porque las cámaras de televisión del equipo de Chester Fox ,que filmaban el match, hacían mucho ruido y le molestaban y él ya había advertido a la organización que no toleraría ningún tipo de molestias al respecto. Bobby exigió a la comisión del torneo que se revocara la decisión de darle por perdida la segunda partida, pero aquélla confirmó la resolución del árbitro principal Lothar Schmid, y Fischer aceptó finalmente la derrota a cambio de "algunas pequeñeces": debería suspenderse la filmación (al final, sólo se filmó la octava partida, secretamente para demostrar que la cámara operaba sin ruido alguno), se le concedería un coche deportivo con marcha automática, una piscina de agua caliente y su propia pista de tenis. La sala de juego sería reequipada, reemplazándose el tablero, pues el contraste entre casillas blancas y negras era insatisfactorio, se instalaría en el escenario un difusor de luz adquirido en Chicago, se le llevaría regularmente al escenario zumo de naranja natural y cuando se dirigiese a la sala de juego ¡todos los semáforos debían tener luz verde a su paso!. A parte de todas estas demandas, Fischer sólo estaba dispuesto a continuar el match si la tercera partida se disputaba a puerta cerrada. Al final, el árbitro Lothar Schmid, salvó el match al persuadir a Spassky de que aceptase la petición de Fischer, y así, la tercera partida se jugó fuera de la vista del público, en una pequeña habitación situada detrás del escenario.


   Spassky debería haber rehusado. Si se hubiera empeñado, lo habría conseguido. Fischer percibió donde podía presionar y la derrota final de Spassky de debió en gran parte al hecho de que perdió el duelo psicológico. No se trataba tanto de que Fischer cambiase las condiciones del match, sino sencillamente de que había desequilibrado a Spassky. Comenzó dictando las condiciones fuera del tablero y acabó dictándolas dentro de él. Al respecto de este incidente el propio Spassky explicó: "Unos días antes de la tercera partida hablé por teléfono durante media hora con Pavlov, el presidente del Comité de Educación Fisica y Deportes soviético, quien me dijo que debía plantear un ultimátum que ni Fischer, ni los organizadores, ni el presidente de la FIDE hubiesen aceptado, con lo que el match se habría abortado. Toda la conversación fue un interminable intercambio de dos frases: "¡Boris Vasilievich, debe plantear un ultimátum!". "Sergei Pavlovich, ¡jugaré el match!". Después de esta conversación, me tumbe en la cama durante tres horas. Estaba agotado. Salvé a Fischer al jugar la tercera partida. En esa partida sellé prácticamente mi capitulación para todo el match".


   Esta crucial tercera partida fué ganada por Fischer, que después se impuso en la quinta, sexta, octava y décima, situando el marcador en un claro 6,5 a 3,5. La sexta partida fué calificada por Fischer como la mejor del match, y desde luego no hay nada que reprocharle. Al final de la misma el propio Spassky se sumó a los aplausos que el público de la sala brindó al genio norteamericano. Podéis seguir esta extraordinaria partida seguidamente:



   Spassky recortó distancias imponiéndose en la undécima y más tarde Fischer se anotó el punto en la decimotercera, de la que Bronstein, años después dijo: "De todo el match, considero que la 13ª partida es la más atractiva. Posiblemente porque incluso hoy, cuando la reproduzo por enésima vez, soy incapaz de entender los motivos subyacentes en este o aquel plan, o incluso algunas jugadas aisladas...Como una misteriosa esfinge, sigue fustigando mi imaginación". ¡Veámosla!:


   Seguidamente vinieron una serie de tablas, hasta que antes del inicio de la decimoséptima partida, el segundo del campeón, Efim Geller, hizo circular un comunicado de prensa que creó mucho alboroto. Se refería a la posible "influencia sobre Boris Spassky con ayuda de elementos electrónicos o sustancias químicas, que podrían encontrarse en la sala de juego". Se prestaba especial atención a la "silla de Fischer y a la iluminación especial del escenario, dispuesta según las instrucciones del bando americano". Según testigos presenciales, cuando le mostraron la carta de Geller a Fischer, éste partió la carta, riéndose, pero los organizadores se tomaron la declaración en serio e hicieron examinar la silla con rayos X, pero los resultados demostraron que la silla no tenía nada extraño y en las lámparas sólo se encontraron dos moscas muertas, lo que propició que el corresponsal del The New York Times, Harold Schonnnberg, escribiera irónicamente: "Alguien ha sugerido que debería practicárseles la autopsia. ¿Murieron las moscas de muerte natural? ¿O la causa de su muerte fue un mortífero rayo americano? ¿O tal vez fallecieron tras haber lamido el peón envenenado de la Defensa Siciliana?".


   Después de entablar en la 17ª, 18ª, 19ª y 20ª, se llegó a la partida número 21 del encuentro, que fué aplazada en la posición que refleja el siguiente diagrama, correspondiéndole sellar la jugada secreta a Boris Spassky, que conducía las piezas blancas:


   Esta es la posición final de este histórico encuentro, ya que Spassky abandonó sin reanudar la partida. El último movimiento de Fischer fué 40...,h6-h5, y la jugada secreta del ruso había sido 41.Ad7, y de ese modo ganarían las negras fácilmente por medio de Rg4 seguido de h4-h5+. Spassky mostró antes del banquete de clausura, análisis que debían demostrar que con 41.Rh3, aún se llegaba a tablas. Porque se sigue entonces 41...,Txf2; 42.Ac4 (amenazando 43.a5),Ta2; 43.Ae6 y no es seguro que las negras pudiesen reforzar su posición.
De este modo, con un resultado final de 12,5 a 8,5 (+7 =11 -3), Bobby Fischer alcanzo su sueño y se proclamó el undécimo campeón del mundo de ajedrez. Era el día uno de Septiembre de 1972, y dos días después se celebró la ceremonia de clausura, donde el presidente de la FIDE lo coronó oficialmente colocándole una corona de laurel, cuyas hojas procedían de un abedul plateado islandés.


   Nikolai Krogius, que actuaba de ayudante de Spassky en Reikiavik, y que es autor de un interesantísimo libro titulado "La psicología en ajedrez" en el que como eminente psicólogo que era, además de gran ajedrecista, examina los factores psicológicos que influyen en el desenlace de las partidas, relata un interesante momento de este acto de clausura que refleja muy bien el carácter de Fischer: "Tras entregarle el sobre con el cheque del premio, Euwe extendió su mano, pero Fischer no tiene prisa. Abre el sobre y estudia minuciosamente el cheque. La mano de Euwe sigue suspendida en el aire. Por fin, tras convencerse de que todo está en orden, dobla cuidadosamente el cheque y lo coloca en el bolsillo interior de su chaqueta. Después de esto, estrecha la mano del presidente y rápidamente vuelve a su mesa, donde se concentra en su filete, pero rechaza con firmeza una copa de vino. En el escenario, entretanto se suceden discursos en honor del nuevo campeón. Después de finalizar la comida, Fischer mira alrededor con aire ausente. De pronto, su mirada se ilumina y busca algo en el bolsillo interior de su chaqueta. ¿No irá a comprobar de nuevo el cheque? No. Extrae su gastado ajedrez de bolsillo, coloca una posición y, ajeno a cuanto sucede en torno suyo, pronto se sume en sus reflexiones".


   En esta divertida caricatura de la época se puede ver como Fischer se corona campeón, quitándole la corona de las manos a Euwe, que está sujetado por el delegado inglés de la FIDE, Golombek. A la izquierda está representado el equipo soviético: Geller, Krogius y el derrotado Spassky.
De esta forma Fischer se convirtió en la personificación viviente del sueño americano. Un chico de clase humilde había alcanzado la cima del reconocimiento público mundial, por sí solo, acabando con la hegemonía de muchos años de los rusos. Un auténtico milagro. Y así, fué recibido en los Estados Unidos como un auténtico héroe nacional.


   El alcalde de Nueva York ofreció a Fischer una medalla de oro conmemorativa declarando: "Al ganar la 21ª partida del match, el 1 de Septiembre de 1972, Bobby Fischer se ha proclamado undécimo campeón mundial de ajedrez, pero lo que es más importante, se ha proclamado el primer americano y el primer neoyorkino en ganar jamás el título. Muchos han regresado a Nueva York en diversas condiciones, pero nadie ha vuelto con el título de campeón del mundo de ajedrez. Además, ¡Bobby Fischer ha hecho llegar el juego a millones de personas! ¡América ha descubierto un nuevo juego, que se consideraba inaccesible para nosotros!


   Las palabras de respuesta de Fischer provocaron una sonrisa y una cerrada ovación: "¡Sr. Alcalde! ¡Amigos! En primer lugar, me gustaría acallar un rumor, indudablemente originado en Moscú: no es cierto que Henry Kissinger me haya telefoneado sugiriéndome jugadas en mis partidas. No pensé que llegaría un día en que el ajedrez aparecería en primera plana en nuestro país y, al mismo tiempo, sólo merecería un pequeño comentario en Pravda. ¡Y eso, indudablemente, ha sido culpa mía! ¡Todo depende de quién gane! Gracias". Sólo una semana antes, Bobby había declarado en la televisión islandesa: "¡Estoy encantado de haber vencido a los rusos! No tengo nada personal contra Boris Spassky, un hombre agradable, pero estoy muy satisfecho de haber podido arrebatarles el título mundial. Porque durante mucho tiempo lo consideraban como una propiedad suya. ¡Han matado el ajedrez con sus aburridos métodos de juego, sus aburridos matches y su aburrido país!.

   Y aquí acaba la leyenda del que podemos considerar el mejor jugador de la historia de ajedrez. Nunca sabremos las verdaderas razones, aunque se hayan barajado un sinfín de ellas, que llevaron a Bobby Fischer a renunciar a defender su preciado título de campeón del mundo, en 1975, frente al aspirante oficial Anatoly Karpov, que así se convirtió en el nuevo campeón sin disputar partida alguna. Ni sabremos nunca a ciencia cierta porque desde entonces Fischer se retiró de la práctica del ajedrez, y se aisló en su propio mundo, lo que hizo que creciera su aureola de personaje enigmático y misterioso.
   El resto de su biografía sólo aporta sombras negras sobre su extravagante persona: Volvió a las primeras páginas de la actualidad en mayo de 1981, cuando se supo que había sido detenido por la policía de Pasadena (California), en donde residía, cuando dando un paseo, fué confundido con un atracador de bancos. Pasó dos días en un calabozo y cuando al final fué puesto en libertad escribió: "Me hicieron pasar hambre y no me dieron nada de beber. Me desnudaron por completo. En ese estado me arrojaron a una fría celda, en la que había una corriente de aire y no tenía nada con que cubrirme. Para evitar congelarme, rompí un colchón de plástico y me metí dentro. Entonces, abrieron otro caso contra mí: ¡Daños a las propiedades de la prisión! Sencillamente no podía creer que aquí, en los civilizados Estados Unidos, los ciudadanos americanos pudiesen tratar de esa forma a otros ciudadanos americanos. Y todo eso sucedió sin que mediase un juez, sin acusación alguna contra mí. Mi único crimen era que no tenía nada que decirles a esos gángsters, ¡¡la policía de Pasadena!!. Es increíble, pero cierto...No podía quedarme callado. Así que escribí un libro: Cómo fuí torturado en la prisión de Pasadena".

Bobby Fischer en 1992
   Cuando todo el mundo había perdido la esperanza de volver a verle jugar, el mundo del ajedrez se vió conmocionado cuando en el verano de 1992 se anunció que Fischer jugaría un match de revancha con Spassky, coincidiendo con los veinte años de su anterior duelo de Reikiavik, en la isla yugoslava de Sveti Stefan.

Sveti Stefan
   El match se jugaría de acuerdo a la fórmula propuesta  por Fischer en 1975, y que la FIDE no aceptó en su momento: a diez victorias, y en caso de empate a nueve puntos, el campeón conservaría su título. Pero con la novedad de que no se permitían aplazamientos de las partidas y que por primera vez se utilizaron relojes electrónicos con incremento de tiempo (el reloj de Fischer, utilizado sistematicamente en la actualidad), fijándose el control de tiempo en 40 jugadas en 1 hora y 51 minutos, con un incremento por jugada de 1 minuto. Como "segundos" de Spassky estaban Nikitin y Balashov y de Fischer, el gran maestro filipino Torre.
El fondo de premios era de cinco millones de dólares, cantidad ofrecida por el banquero yugoslavo Jezdimir Vasiljevic, y según algunas fuentes a dicha suma también colaboró el presidente de la FIDE, Florencio Campomanes. El vencedor se llevaría 3,5 millones y el perdedor 1,5 millones. Fischer accedió a jugar en Yugoslavia desafiando abiertamente el boicot del Departamento de Estado de los Estados Unidos, debido a que las sanciones de la ONU contra Yugoslavia estaban vigentes, en castigo por la guerra de los Balcanes, y fue amenazado con una multa de 250.000 dólares, además de diez años de prisión si volvía a los EEUU.


   El día 1 de Septiembre de 1992, durante la rueda de prensa que ofreció antes de iniciar el match, escupió públicamente sobre la referida orden del gobierno americano que le impedía jugar en Yugoslavia, lo que le acarreó no poder volver más a su país y posteriores problemas legales que más tarde trataremos. El día 2 de Septiembre a las 15:30 horas, Fischer efectuó su primera jugada después de veinte años retirado del ajedrez activo. Lo que millones de aficionados de todo el mundo habían estado esperando durante tanto tiempo, por fin se hizo realidad. ¡¡Bobby Fischer había vuelto!!.


   Fischer inició el juego con su favorita '1.e4', y después de una apertura española, Bobby alcanzó el triunfo en 50 jugadas. Fué una buena partida que demostró que después de veinte años, Fischer aún estaba en forma y que como él mismo dijo antes de empezar el match, seguía siendo el campeón del mundo. Acontinuación os dejo el desarrollo de esta histórica partida:


   Después de treinta partidas, el 5 de Noviembre de 1992, Fischer ganó el duelo con un resultado de diez victorias, cinco derrotas y quince tablas, y volvió a ser coronado como rey del ajedrez.


   Después del match, Fischer fijó su residencia en Budapest, donde disfrutaba jugando y analizando partidas con la compañía de su amigo el Gran Maestro Andor Lilienthal, que estuvo presente como espectador en Sveti Stefan, y que siempre será recordado por su magnífica victoria sobre Capablanca en el Torneo de Hasting de 1935, con sacrificio de dama incluido, tal como se lo recordó Fischer al verle entre el público. (Sobre esta anécdota, podéis ver la partida en la entrada del blog de fecha 21 de Marzo de 2011, ¡Maldito peón!). En 1995, el presidente de la FIDE, Kirsan Ilyumzhinov, voló hasta Budapest para entrevistarse con Fischer y tratar de convencerlo de que regresara al ajedrez activo, para lo que le entregó 100.000 dólares que, según calculaba Fischer, le debía la editorial moscovita "Fizkultura i Sport" por la publicación en 1972 de su libro Mis 60 partidas memorables, ya que en esa época los derechos internacionales de autor no estaban reconocidos en la URSS. En esa entrevista, Fischer dijo que no estaba interesado en jugar ninguna partida con la, según él, vieja modalidad, y que sólo jugaría con las reglas del ajedrez aleatorio (Fischer Random) por él inventado, en el que la colocación inicial de las piezas se sortea antes de cada partida, jugándose después como en el ajedrez normal. En 1996, Bobby viajó a Argentina para promover esta modalidad de juego, que tiene la virtud de invalidar el conocimiento de aperturas del ajedrez regular.
Desde que jugó su match con Spassky de 1992 en la antigua Yugoslavia, desafiando al Gobierno de los Estados Unidos, empezaron sus problemas con la justicia americana, que no se vieron beneficiados con sus comentarios antisemitas que empezó a vertir de manera obsesiva, tales como que era contrario a "esos apestosos judíos" que, según decía, tenían bajo "total control" a Estados Unidos. Negaba categóricamente la existencia del Holocausto, y declaró a una emisora de radio de Filipinas, que el atentado del 11 de Septiembre de 2001 en Nueva York había sido "una noticia maravillosa", y que había llegado la hora "de acabar con Estados Unidos de una vez por todas".

Fischer detenido en Tokio
   La siguiente noticia que se tiene de Bobby Fischer es que había sido detenido el 16 de Julio de 2004, en el aeropuero Narita de Tokio, cuando se disponía a volar a Filipinas, por usar un pasaporte no válido, y las autoridades de inmigración japonesas lo interrogaron para saber la manera en la que entró en Japón, donde residia supuestamente desde 2002, junto a Miyoko Watai, la presidenta de la Asociación Japonesa de Ajedrez, con quien se habría casado. El gobierno americano solicitó la extradición de Fischer a los Estados Unidos bajo la acusación además de la utilización del pasaporte americano no válido, de evasión fiscal y blanqueo de dinero.
En Marzo de 2005, Fischer cumplió 62 años en la prisión de Ushiku, donde permanecía encerrado desde su detención en el aeropuerto. En Octubre de 2004 había telefoneado desde dicho centro penitenciario a su amigo islandés Saemi Palsson, que fué su guardaespaldas durante el mítico encuentro con Spassky de 1972, una de las pocas personas con las que no discutió entonces en Reikiavik, y con la que había conservado una buena amistad. Palsson viajó rápidamente a Tokio y en Islandia se formó un comité de siete entusiastas del ajedrez para presionar al gobierno islandés a concederle a Fischer la condición de exiliado. Tras muchas tensiones con el gobierno de los Estados Unidos, finalmente el Parlamento islandés, el 21 de Marzo de 2005, aprobó por unanimidad otorgarle la plena ciudadanía islandesa al genio del ajedrez Bobby Fischer, que tanta fama le había dado a la isla desde aquel lejano duelo de 1972. El 24 de Marzo de 2005 con todos los papeles en regla, Fischer abandona Japón, rumbo a Islandia, y durante el vuelo, acusa al presidente norteamericano George Bush de criminal, y al presidente de Japón de bastardo al servicio de los americanos.

Fischer a su llegada a Reikiavik en 2005
   Al bajar del avión, fué recibido por una multitud de seguidores que lo aclamaban, pero la imagen del Fischer envejecido, con la barba descuidada y el pelo enmarañado, estaba muy lejos de aquella otra de 1972, cuando descendió con paso firme por la escalerilla, dispuesto a acabar con la hegemonía soviética del ajedrez. Ahora llegaba huyendo del Gobierno de su país que años atras lo había recibido como un héroe y que ahora le amenazaba con acabar sus años en una prisión si regresaba a él. Tal vez llegó a Reikiavik para refugiarse del mundo, en esa pequeña isla del atlántico donde treinta y tres años atrás alcanzó su sueño y comenzó su leyenda.

La última foto de Fischer, sacada por su
amigo islandés Einar Einarsson
   Los últimos años de su vida, Fischer los paso solo, escuchando la radio, leyendo los periódicos y refugiándose muchas tardes en una pequeña librería de viejo llamada Bokin, próxima a su céntrico piso de Reikiavik, donde pasaba las horas leyendo, y que, según confesó a su propietario, le recordaba a una antigua librería a la que solía ir de niño en Brooklyn.
El 17 de Enero de 2008 Bobby Fischer, posiblemente el mejor jugador de ajedrez de la historia, fallecía a la edad de 64 años, curiosamente la misma cifra que casillas tiene el tablero de ajedrez. 

Iglesia de Selfoss
   Fué enterrado unos días después en el cementerio de la pequeña iglesia de Laugardalur, situada a las afueras de la población de Selfoss, situada 60 kilómetros al este de Reikiavik, con la sola presencia de su vecino Gardar Sverrison, un sacerdote católico francés que ofició el funeral, y de Miyoko Watai, la que decía ser su esposa, que había llegado desde Tokio.


   Según cuenta su amigo, el doctor Magnus Skulason, con quien Bobby pasó muchas horas de su retiro en Islandia: "Fischer veía la vida como la ve un niño pequeño, e, igual que un niño, siempre quería salirse con la suya y se enfadaba si se le negaba algo". Estuvo acompañandole en sus últimas horas de vida, y relata que las últimas palabras de Bobby Fischer, fueron, después de que le diera un masaje en los pies: "No hay nada que alivie el dolor como el calor humano".
   Para concluir esta cuarta y última entrega del homenaje a Robert James Fischer, os dejaré a continuación la partida número 30 de su match con Spassky de 1992, que le trajo luego tantos problemas, y que es la última partida de competición que jugó en su intensa carrera ajedrecística.
Recuerdo que en el inicio de ese match, que significaba la siempre esperada reaparición de Fischer, me encontraba de luna de miel en Tenerife, y allí rápidamente me compré un pequeño ajedrez magnético de bolsillo y todos los días compraba el periódico para poder seguir las partidas. Almudena nunca lo entendió, y aún hoy en día, al recordar la anécdota, dice que sigue sin entender que falta hacía comprar aquel pequeño tablero, que por cierto todavía conservo, en plena luna de miel. Pero estoy convencido de que todos vosotros, amables lectores del blog, lo entendéis perfectamente...
¡Disfrutemos de esa última partida que nos brindó Fischer!:


   Os dejo también dos interesantes libros para descargar. El primero es un magnífico y pormenorizado relato del match del siglo de 1972, y el segundo es el libro que le regaló Fischer a Fidel Castro durante la Olimpiada de La Habana de 1966:





   Preguntado una vez por quién era el mejor jugador de ajedrez del mundo, contestó: "Es agradable ser modesto, pero sería estúpido si no dijera la verdad. Es Fischer".
   Después de repasar toda su intensa biografía, estoy completamente convencido de una cosa, y es que, esté donde esté actualmente Bobby Fischer...¡estará jugando al ajedrez!



   Y es que como el mismo Fischer dijo una vez: "Todo lo que quiero en la vida es jugar al ajedrez".
Seguro que en la muerte también...


Robert James Fischer
Chicago, 9-III-1943 - Reikiavik, 17-I-2008
Campeón del mundo de ajedrez

 

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