Sin duda que el embrujo que nos produce el ajedrez es tan sublime, que nos hace sentirnos grandes creadores durante unos minutos, y a eso se refiere Marcel Duchamp cuando dice: "No todos los artistas son ajedrecistas, pero todos los ajedrecistas son artistas".

Sin duda, también, que el ajedrez no lo es todo. ¿Qué decir de la música, por ejemplo? Por eso os he dejado una pequeña muestra de mi música favorita, para que la disfrutéis, si os apetece, mientras os sumergís en el fascinante mundo del ajedrez.

Ya en su dia el gran Tarrasch dijo: "Como el amor, como la música, el ajedrez tiene la virtud de hacer felices a los hombres".

Y olvidémonos de aquella otra frase de Oscar Wilde que decía: "Si quieres destruir a un hombre, enséñale a jugar al ajedrez"...¡asusta!

Así que sin más dilación comenzemos este singular viaje a una tierra llena de peligros, en la que nos encontraremos a reyes enfrentados en un combate eterno, reinas poderosísimas y despiadadas, fortalezas sólidas e inexpugnables, obispos con gesto serio y mirada oblícua, ágiles corceles dispuestos a asestar coces mortales y valientes guerreros que nunca retroceden ante nada.

Estáis todos invitados, así que los que quieran pueden subir a bordo. Sin condiciones. Durante la travesía seremos testigos de inagotables maravillas y al llegar a puerto nos espera...la felicidad, sin duda.

BIENVENIDO. GRACIAS POR VISITAR MI BLOG.

lunes, 16 de mayo de 2011

¡Que graciosos son los perros!

   La relación con mi perro Dante sigue tirante en lo que al ajedrez se refiere. Después de los lamentables acontecimientos que ya os relaté en las entradas de fecha 19-8-10 y 8-11-10, ahora el simpático del animalito, no contento con ganarme en el tablero, se dedica a burlarse de mí, en mi propia cara y sin ningún respeto, como enseguida comprobaréis.
Como no soy persona rencorosa, a pesar de todo, sigo sacándolo a sus paseos diarios y a veces me cruzo con personas "ignorantes" que se acercan a hacerle alguna carantoña mientras me comentan que como son los perros de graciosos. Cuando veáis los diagramas que pongo a continuación, comprenderéis que personalmente a mí, lo que es gracia, no me hace ninguna.
El primero de ellos corresponde a una partida en la que llevando negras alcancé esta posición:


   Jugaban las blancas, y yo había calculado que ahora si 1.Cxd5,Txf2!; 2.De1,Te2! y alcanzaba unas merecidas tablas, pero el gracioso de Dante jugó 1.Tb1 y viendo que perdía la dama, abandoné.
Aún estoy oyendo las carcajadas del perro, cuando vió que me rendía. Le expliqué que no podía salvar la dama por el mate en 'b8' y aún se rió con más ganas. Cuando se le acabaron las risas que dijo que la partida era tablas y me mostró, mientras comenzaban otra vez las carcajadas, la secuencia que me hubiera permitido salvar medio punto. Podéis imaginaros como se me quedó la cara...
¿Véis vosotros la forma simple de entablar?

SOLUCIÓN
1...,Axa2!; 2.Txb2,Txb2 y las blancas perderan su dama tras 3...,Tb1, alcanzándose las tablas.

   Días después, en el siguiente diagrama yo conducía las blancas en esta prometedora posición:


   Fijándome en la delicada situación de la dama negra jugué 1.Txa5 amenazando ganar la dama con 2.Ta4 o Tb4. Dante sin pensárselo jugó 1...Cf5 y con una alegría inmensa respondí con 2.Ta4 convencido de que no había advertido mi amenaza y que por fín iba a ganarle brillantemente, por lo que exclamé jubiloso: "¡Te gano la dama y la partida, listillo!". ¡Craso error!, porque en este momento Dante empezó a reirse como en la partida anterior y velózmente jugó 2...,Df1+!! mientras decía: "La dama sí, pero la partida ya no!". Continué con 3.Rxf1,Cxe3+; 4.Re2,Cc4+!


    Y en la posición anterior, mientras su risa taladraba mis tímpanos, tuve que admitir las tablas.

    El último caso que hoy os cuento es el peor de todos. Sucedió ayer mismo, y ya cansado de las burlas del animal, jugué una partida magnífica, totalmente concentrado, con la intención de desquitarme por fín de todos los varapalos que había sufrido. Durante la partida, veía la cara de preocupación de Dante, que esta vez no parecía tener muchas ganas de bromas, y mi gozo no tenía límites. Juzgad vosotros mismos la posición que alcanzamos, en donde las negras conducidas por mí,
tienen un dominio aplastante del tablero y están preparadas para rematar expeditivamente la partida:


   Era el turno de las blancas que jugaron 1.Td1!!. Los signos de admiración no los pongo por la excelencia de la jugada en sí, si no porque tiende una astuta trampa en el que el jugador de las negras, es decir, yo mismo, embriagado por la cercanía del triunfo, cae inocentemente, como un pardillo.
Eufórico y sin pensármelo dos veces jugué 1...,Ah3 y me preparé para oir como Dante se rendía, ante el inevitable mate en 'g2'. Pero en vez de oir su rendición, lo que oí fueron otra vez las risas incontrolables de mi perro mientras jugaba 2.Txd8+!,Rxd8; 3.Dd1+!!,Dxd1 y... ¡tablas por ahogado!
No me lo podía creer. Mi cara se quedó blanca como la cal y por si eso no fuera bastante, Dante me explicó rápidamente, entre risa y risa, la forma en que podía haber rematado la partida, empezando con 1...,Txg3+; 2.hxg3,Dxg3+; 3.Rf1,Ah3+; 4.Txh3,Dxh3+; 5.Re2,Dh5+; 6.Rf1,Txd1 y las negras ganan.

   ¡Aún ahora, mientras escribo esta entrada, oigo las carcajadas burlonas de Dante!
¡Dios mío, que duro es el ajedrez!. ¡Y todavía más duro tener un perro desagradecido...!. Aquí abajo lo tenéis, tan gracioso él, y podéis incluso oir su risa...



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