Sin duda que el embrujo que nos produce el ajedrez es tan sublime, que nos hace sentirnos grandes creadores durante unos minutos, y a eso se refiere Marcel Duchamp cuando dice: "No todos los artistas son ajedrecistas, pero todos los ajedrecistas son artistas".

Sin duda, también, que el ajedrez no lo es todo. ¿Qué decir de la música, por ejemplo? Por eso os he dejado una pequeña muestra de mi música favorita, para que la disfrutéis, si os apetece, mientras os sumergís en el fascinante mundo del ajedrez.

Ya en su dia el gran Tarrasch dijo: "Como el amor, como la música, el ajedrez tiene la virtud de hacer felices a los hombres".

Y olvidémonos de aquella otra frase de Oscar Wilde que decía: "Si quieres destruir a un hombre, enséñale a jugar al ajedrez"...¡asusta!

Así que sin más dilación comenzemos este singular viaje a una tierra llena de peligros, en la que nos encontraremos a reyes enfrentados en un combate eterno, reinas poderosísimas y despiadadas, fortalezas sólidas e inexpugnables, obispos con gesto serio y mirada oblícua, ágiles corceles dispuestos a asestar coces mortales y valientes guerreros que nunca retroceden ante nada.

Estáis todos invitados, así que los que quieran pueden subir a bordo. Sin condiciones. Durante la travesía seremos testigos de inagotables maravillas y al llegar a puerto nos espera...la felicidad, sin duda.

BIENVENIDO. GRACIAS POR VISITAR MI BLOG.

viernes, 14 de enero de 2011

Stefan Zweig

   Podemos encontrar muchas obras de la literatura donde el ajedrez está muy presente o incluso forma parte de la trama principal. La lista sería muy larga y la trataremos, sin duda, en otra entrada. Pero tal vez la obra más famosa donde el ajedrez es la parte fundamental del argumento y alcanza su máximo protagonismo sea en el relato corto "Novela de ajedrez" del escritor austríaco Stefan Zweig, que escribió un año antes de su suicidio acaecido en Brasil en 1942. En dicha novela, el campeón del mundo Mirko Czentovic mientras viaja en un transatlántico rumbo a Buenos Aires se enfrenta a un grupo de aficionados, capitaneados por el ingeniero Mr. McConnor, a los cuales vence fácilmente en la primera partida, pero mientras juegan la revancha aparece en escena un misterioso personaje, llamado Dr. B, que aconsejará a los aficionados hasta lograr arrancar unas tablas al campeón del mundo. Tras acordar una partida con éste al día siguiente, el Dr.B contará al narrador de la novela su azarosa historia hasta llegar al buque.
A continuación transcribo un fragmento del libro correspondiente a la segunda partida que juegan los aficionados en consulta, en donde aparece el Dr.B:
   "...llegábamos poco a poco a la decimoséptima jugada cuando, ante nuestra propia sorpresa, se produjo una situación que parecía asombrosamente favorable, ya que habíamos conseguido llevar al peón 'c' al penúltimo escaque, 'c2'; sólo nos hacía falta adelantarlo a 'c1' para coronarlo. Sin embargo, esa ventaja demasiado evidente no nos dejó muy ufanos, y barruntábamos que aun cuando la habíamos logrado aparentemente, acaso constituía una trampa que, con toda intención, nos había preparado Czentovic, quien, de más está decirlo, abarcaba la situación con mucha mayor exactitud. Pero, a pesar de las afanosas búsquedas y discusiones, no logramos descubrir la supuesta  maniobra secreta. Por fin, al término casi del tiempo establecido para cada movimiento, decidimos arriesgar la jugada. Ya McConnor tenía el peón entre los dedos para avanzarlo hasta la última casilla, cuando se sintió de pronto tomado por el brazo y alguien musitó, con voz vehemente:
   - ¡No! ¡Por el amor de Dios!
   Todos volvimos la cabeza instintivamente. Un caballero como de 45 años de edad, cuyo rostro fino y severo ya antes había llamado mi atención por su extraña palidez casi azulada, parecía haberse acercado a nosotros en los últimos minutos, cuando dedicábamos todo nuestro cuidado al juego. Notando nuestras miradas, agregó precipitadamente:
   - Si ustedes hacen dama, él catapultará con el alfil y ustedes, a su vez, con el caballo. Pero entretanto, el peón avanza a 'd7', amenaza la torre y aunque den jaque con el caballo, en nueve o diez movimientos estarán perdidos. Es casi la misma situación que Alekhine planteó, en 1922, en el gran torneo de Pistoja, contra Bogoljubov.
   McConnor soltó, asombrado la pieza, y miró de hito en hito, y no menos sorprendido que todos los demás, a aquel hombre que había aparecido inesperadamente como un ángel salvador. Un individuo capaz de calcular un jaque mate en nueve jugadas, no podía sino ser un entendedor consumado y, acaso, hasta un competidor que viajaba para jugar en el mismo campeonato y cuya llegada e intervención, precisamente en tan crítico instante tenía algo de sobrenatural. El primero en recobrarse fue McConnor, quien susurró agitado:
   - ¿Qué aconsejaría usted?
   - No avanzar enseguida, sino eludir primero. Sobre todo, apartar el rey de la primera fila, llevándolo a 'h7'. Lo más probable es que entonces desviará el ataque hacia el flanco opuesto. Pero en tal caso usted replicará con la torre moviéndola de 'c8' a 'c4'; eso le costará, en dos movimientos, un peón y con ello la superioridad. Quedará así un peón libre contra otro peón libre, y si usted juega bien en la defensa, lograría un empate. Es todo lo que puede conseguirse...".
  Podéis leer toda la novela pinchando en el siguiente enlace:
Leer novela completa

 Como se puede apreciar, Zweig nos hace en el anterior fragmento un relato muy preciso del juego, y como me parece muy interesante esta alusión tan exacta a una partida real, creo que es necesario reproducirla a continuación para situarnos, con un poco de imaginación, junto a McConnor y el Dr.B a bordo del transatlántico jugando contra Czentovic:

 
   Ésta es la posición en que interviene el enigmático Dr.B aconsejando mover el rey negro a 'h7'. La partida Alekhine-Bogoljubov siguió con: 38...,Rh7 (si 38...,c1(=D)?; 39.Axc1,Cxc1; 40.d7,Ce2+; 41.Rf2 y las blancas tienen un final ganado); 39.h4,Tc4; 40.e5,Cxe5; 41.Ab2,Tc8; 42.Tc1,Cd7; 43.Rf2,Rg6; 44.Re3,Tc6; 45.Ad4,Cf6; 46.Rd3,Txd6; 47.Txc2 y se acordaron las tablas.

   En 1960 Gerd Oswald adaptó para la pantalla la novela, con Mario Adorf en el papel de Czentovic y el famoso Curd Jürgens en el del Dr. B. El film se tituló Schachnovelle, y en castellano se tradujo como "Juego de reyes".
    Aquí os dejo unos fotogramas de la película y el cartel original de la misma:

                                                                                                              

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